Natalia Pérez Turner, violonchelo

(Ciudad de México, 1969)

Violoncelista especializada en música contemporánea e improvisación. Miembro de Liminar, del trío Filera y de la Generación Espontánea, entre otros ensambles. Se ha presentado en diversos foros y festivales en México y en el extranjero. Colabora con frecuencia en proyectos de danza, teatro, poesía y artes visuales, ya sea como intérprete, improvisadora o compositora.

Testimonio ronda 1

Cuando me invitaron a participar en el proyecto no sonaba complicado, una grabación rústica, con el celular, de improvisaciones a partir de una pasacalle de Frescobaldi. Vivo en una zona muy tranquila y suelo grabarme para proyectos de todo tipo. Por lo general es sencillo, pero en estos días todo el mundo está en casa: tengo un vecino que tiene un huerto en la azotea y pasa parte de la mañana ahí con su hijo, su perro y su radio; otro que habla casi a gritos por teléfono y ahora sé que se dedica a cuestiones de finanzas; además es plena primavera y mientras hay sol, hay muchísimos pájaros. En fin, grabar durante el día, en estos tiempos, no es tan sencillo. Sobre la música en sí: improvisar es, probablemente, lo que más disfruto. Incluso, cuando he compuesto música para la escena o el cine suelo partir de la improvisación. En algún momento quise aprender jazz para improvisar con los amigos jazzistas, pero me di cuenta de que me interesan otros aspectos de la improvisación, más abstractos quizá, más relacionados al sonido en sí. Cuando recibí la estafeta y escuché la bella improvisación de Vincent Touzet me arrepentí de no haber seguido con mi entrenamiento jazzístico. Podía imaginar maneras de hacerlo que quizá respondieran de una forma más literal a lo que él proponía y, mientras mi vecino terminaba de oír su radio, estuve trabajando en ese sentido, pero no me gustaba nada de lo que hacía, me parecía falso y bastante malo. Luego me concentré en ciertos aspectos de la música de Vincent, los ataques de las notas, el sonido de la respiración, unos glissandi y una especie de reverberancia que resultaba del fraseo de algunas notas, en busca de hacer una improvisación más cercana a mí, al lenguaje que he ido construyendo al improvisar. Los vecinos bajaron a comer a las 14:30, más o menos, y a partir de entonces empecé a grabar, me acabé la memoria del celular y tuve que tirar montones de tomas incompletas o de plano malas para seguir grabando; sentía que el bajo me constreñía, me amarraba a un fraseo y a una rítmica y la imaginación no fluía. Al final me dieron las 19:00 y, con una sensación de empasacallamiento absoluto, mandé las versiones menos malas, sin fijarme en la imagen por que quizá entonces mi vanidad hubiera añadido otro elemento a considerar que lo hubiera complicado aún más.

Testimonio ronda 2

Esta vez la cuestión técnica fue más sencilla, la flexibilidad del tiempo de grabación me permitió grabar de noche cuando ya no hay tantos ruidos externos. Musicalmente, el bajo extremadamente lento me generó una especie de espejismo de libertad, como cuando uno se encuentra frente a un camino uniforme que se extiende hasta el horizonte sin que realmente se vea el fin. Y, como al empezar una caminata, al principio me fijé en detalles: los ruidos de las llaves y la respiración de Omar López, probablemente. La tesitura y la lentitud del bajo me impulsaban a ir al opuesto, es decir, sonidos ligeros y agudos; cuando llega a la sección en mayor traté de acercarme más, de emparejarme, de hacer algo cercano a una melodía para luego “salir corriendo” cuando regresa al menor.