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OJUEM | Tercera temporada 2025 | Programa 1

OJUEM | Tercera temporada 2025 | Programa 1

José Areán

Fotografía: Música UNAM / Alfredo Mendoza

El primer programa de la Tercera temporada de OJUEM articula distintas visiones sobre el tiempo y la memoria musical a través de tres obras. Inicia con el estreno en México de Ah Paaxo’Ob (2001) obra de Hilda Paredes escrita para 20 músicos, que toma como punto de partida el sistema de medición temporal de la cultura maya, donde los días se organizaban en ciclos de 13 y 20. En conmemoración de los 150 años del nacimiento de Maurice Ravel, se presenta La tumba de Couperin, suite orquestal concebida originalmente para piano y que el compositor orquestó en 1919. En esta obra Ravel rinde homenaje a uno de los músicos más reconocidos del barroco francés y a sus amigos caídos en la Primera Guerra Mundial. La segunda parte del concierto incluye la Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor, Op. 97 de Robert Schumann. También conocida como Renana, esta obra fue compuesta en 1850, inspirada por el paisaje y ambiente de Colonia y el río Rin.

Programa sujeto a cambios.

Participantes

Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata / José Areán, director titular

Programa

Hilda Paredes (1957)
Ah Paaxo’Ob
Estreno en México
Duración aproximada: 18 minutos

Maurice Ravel (1875–1937)
La tumba de Couperin, M.68a
I. Prélude. Vif
II. Forlane. Allegretto
III. Menuet. Allegro moderato
IV. Rigaudon. Assez vif
Duración aproximada: 18 minutos

Intermedio

Robert Schumann​ (1810-1856)
Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor Op. 97, Renana
I. Lebhaft
II. Scherzo: Sehr mäßig
III. Nicht schnell
IV. Feierlich
V. LebhaftDuración aproximada: 36 minutos

Duración total aproximada: 72 minutos

Semblanza de los participantes

José Areán, director titular
Originario de la Ciudad de México, José Areán estudió en la Escuela Nacional de Música (actualmente Facultad de Música) de la UNAM y se graduó con honores del Conservatorio de Viena. Comenzó su carrera en 1996 como director musical asistente en la Ópera de Bellas Artes, donde más tarde fue nombrado director artístico, puesto que desempeñó de 2007 a 2009. En el ámbito operístico ha trabajado con cantantes como Plácido Domingo, Francisco Araiza, Ramón Vargas, Rolando Villazón, Javier Camarena, Ainhoa Arteta y María Katzarava. Ha sido director asociado de la Orquesta Sinfónica de Minería, director artístico de la Filarmónica de la Ciudad de México, de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Entre 2002 y 2007 se desempeñó como director artístico y director general del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Como director invitado, se ha presentado en escenarios de Europa, Asia y América Latina al frente de orquestas como la Filarmónica de Tokio, la Staatsorchester Braunschweig, la Sinfónica Nacional de Colombia, el Ensamble Phoenix Basel, la Sinfónica del SODRE y la Orquesta del Teatro Argentino de La Plata, entre otras. Ha dirigido solistas como Irvine Arditti, Philippe Quint, Sarah Chang, Valentina Lisitsa, Giora Feidman y Joaquín Achúcarro. Desde 2006 colabora con el programa Escenarios en la televisión cultural mexicana. Sus grabaciones han sido publicadas por los sellos Urtext y BMG.

Notas al programa

Hilda Paredes (Tehuacán, 1957)
Ah Paaxo’Ob
En la cultura occidental, el número 13 suele asociarse con la mala suerte, los malos augurios y la pesadumbre. En la cultura maya, en cambio, este número —oxlajuj— tiene un sentido opuesto: está vinculado a los ciclos de cambio, al calendario lunar y a la fertilidad de la tierra, y más bien, es un símbolo sagrado. Esta concepción del flujo temporal, muy distinta a la occidental, fue uno de los puntos de partida para la compositora Hilda Paredes, quien en 2001 escribió Ah Paaxo’Ob como parte de un encargo de la Ciudad de Fráncfort y del Ensemble Modern. En la pieza, el número 13 adquiere un papel central e incluye el patrón inicial de trece notas que se expande progresivamente en los distintos instrumentos, y que despliega nuevos gestos e ideas. El propio título, Ah Paaxo’Ob, —“los que tocan la música”—, nos invita precisamente a ser conscientes de los intérpretes, de los sonidos que producen y sus características tímbricas, de sus texturas y de su transformación en el tiempo.

Maurice Ravel (Ciboure, 1875 - París, 1937)
La tumba de Couperin, M.68a
François Couperin (1668-1733) fue uno de los compositores más relevantes del Barroco francés y cultivó un extenso repertorio para órgano y clavecín, en el que dejó constancia de su virtuosismo. Casi dos siglos después de su muerte, Maurice Ravel decidió rendirle homenaje al estilo de los tributos musicales propios de aquella época. Entre 1914 y 1917 compuso La tumba de Couperin, una suite de seis piezas para piano que dialogan con las danzas barrocas reimaginándolas desde una perspectiva moderna. Dos años después de completar la suite, en 1919, Ravel orquestó cuatro de esos movimientos. Sin embargo, más allá del guiño a Couperin y al lenguaje de su tiempo, cada pieza se convirtió en un tributo personal de Ravel a varios amigos fallecidos en la Primera Guerra Mundial: el Prélude al transcriptor musical Jacques Charlot, la Forlane al pintor Gabriel Deluc, el Menuet a Jean Dreyfus, y el Rigaudon a Pierre y Pascal Gaudin. A propósito de esta obra, Ravel expresó: “los muertos son bastante tristes en su eterno silencio”. Y es por eso que, pese a ese trasfondo doloroso, la música despliega todo lo contrario: una energía luminosa y alegre.

Robert Schumann (Zwickau, 1810 - Endenich, 1856)
Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor Op. 97, Renana
Imagina el momento de enfrentarte a algo tan imponente como bello. Eso fue lo que vivió Robert Schumann en 1850 al visitar por primera vez la catedral de Colonia, tras mudarse a aquella ciudad junto a su esposa Clara. Iniciada en 1284 y concluida más de cinco siglos después, esta construcción se convirtió en un referente del esplendor medieval. La impresión que causaron sus grandes proporciones, su estructura gótica, sus vitrales y la simbiosis con el río Rin, llevó al compositor a plasmarla en su Tercera sinfonía, conocida como Renana por su vínculo con el río. Como aquel primer encuentro del compositor, la sinfonía evoca el esplendor de la catedral desde su primer movimiento. El segundo sugiere el fluir del Rin; el tercero se adentra en el lirismo característico de Schumann. El cuarto evoca una procesión solemne que remite, una vez más, a la catedral. Y, finalmente, el quinto movimiento retoma la emoción inicial que experimentó el compositor al llegar a aquella ciudad alemana.

Notas: Montserrat Pérez-Lima

21 septiembre 2025
Sala Nezahualcóyotl, Centro Cultural Universitario
6:00 p. m.

General $50