Roberto Rivadeneyra, violín barroco

(Puebla, México, 1976)

Inició sus estudios de violín a los nueve años. Tomó clases de composición y se ha dedicado a la interpretación de música barroca y contemporánea con violín, viola y otros instrumentos. Ha participado como solista en varias ocasiones y se ha presentado a nivel nacional e internacional en diversos espacios. Actualmente es asesor y maestro de la Academia de Música Antigua de la UNAM.

Testimonio ronda 1

Recibí la estafeta de Alexander Bruck. En un principio decidí realizar disminuciones dentro del estilo como si fuera una interpretación histórica normal, pero durante muy poco tiempo; en la segunda vuelta hice las disminuciones, fueron en un compás diferente al del bajo continuo y con un sonido distorsionado. Luego tomé elementos de la grabación de Bruck, como los acordes (pero todavía dentro de la armonía real, solo que un poco extremos y de manera rara), los glissandi (también utilizando la armonía real a manera de mutación) y al final, en lugar de los pizzicati con la viola desafinada, decidí realizar un peso excesivo molto sul tasto, procurando un discurso final hecho con ruido. Es un poco raro ingresar técnicas extendidas con un bajo continuo totalmente en estilo. Sin embargo, fue un reto muy difícil y divertido por tratar de hacer convivir estos mundos. Finalmente vino la parte que fue toda una aventura: ¡mandar el archivo! No resultó bajar el archivo a la computadora y luego, al mandarlo por WeTransfer, la computadora transformó el formato. Después realicé dos intentos fallidos de mandarlo directamente desde el celular por WeTransfer; ambos duraron aproximadamente doce horas y nunca lo logré. Al final, dos días después de mi segunda grabación (porque tuve que rehacerla), un automóvil vino por mi SD card dentro de un sobre, se la llevó, bajaron el archivo y me la devolvieron de la misma manera.

 

Testimonio ronda 2

Esta vez lo primero que pensé es que era un bajo muy largo, pero en la vida real fueron 16 minutos que se me pasaron volando. Curiosamente me sentí mucho más libre de introducir técnicas extendidas en el bajo continuo de la AMA que en el bajo de Liminar. En este último, algo me obligaba a mantenerme en una tonalidad o un modo; no hay armonía, solo notas tenidas, lo cual abre infinitamente las posibilidades. Estas oportunidades para improvisar sobre un modo o una tonalidad distorsionaban muchas veces el sonido y el ritmo, a manera de mutación de un lenguaje musical. Decidí usar tres instrumentos: la viola barroca, un rabel popoluca muy parecido a los rabeles medievales, y un bendir (tambor de marco). Para el rabel pensé en música minimalista, donde solo pocos elementos cambian, como el bajo. Y para el bendir no lo pensé mucho, solo improvisé. Ésta vez sí tuve varios contratiempos antes de grabar: pasaba el de los bisquets, la lavadora de un cuarto de servicio arriba de mi depa, los vecinos con la música y cantando, y que si mis gatos estaban en su cajón de arena… Yo sé que el sonido de mi grabación es bastante crunchy, porque mi teléfono no es de lo mejor, o la app, no lo sé. Sin embargo, creo que justamente eso tiene su encanto, es el resultado de lo que se puede lograr en estas circunstancias con un teléfono. Imagino esas películas de ciencia ficción en donde enviar un mensaje depende de una nave espacial averiada, o se dirige a un planeta lejano, y el mensaje llega de manera distorsionada.